"Le dí en la cabeza a uno, coño!", gritó emocionado el policìa cuando mató al estudiante de la UASD




Cuando el policìa matò a balazos al estudiante de medicina Willy Warden Florián Ramírez, no pudo contener la emociòn y se jactò de su hazaña.
Quizo reclamar para èl la "gloria" del asesinato de aquel estudiante de la Universidad Autònoma de Santo Domingo que protestaba contra el paquete fiscal que momentos antes había aprobado el Congreso Nacional.
Al igual que otros periodistas, uno de ellos de Reuter y mi amigo Genris García, de Vigilante Informativo, estabamos allì.
Genris y el periodista de Reuter hacìan fotos desde cierta distancia usando potentes telefotos.
Yo lleguè al lugar por casualidad. No andaba trabajando, por eso no llevè càmaras con zoom potentes. Eso sì, llevaba conmigo mi fiel camarita de video pequeñita, que casi parece un celular.
Para grabar las escenas tenìa que meterme dentro de los incidentes.No podìa hacerlo a distancia. El zoom de este modelo de cámaras no es bueno.
Eso me daba la ventaja de que podìa respirar con los policìas el mismo aire que ellos respiraban, escucharlos jadear y sentir sus emociones.
Por eso estuve cerca cuando aquel policìa, bastante jóven, que estaba vestido de gris, se colocò un pasamontaña del que solo se podìan ver sus ojos.
El policìa estaba entusiasmado y altamente excitado. Le molestaba la reacción de sus demàs compañeros, quienes no se animaban a usar sus pistolas.
Sobre todo, reclamó acción armada cuando, supuestamente, vio allà, a lo lejos, a un manifestate en supuesta posesiòn de un arma. Yo estaba a su lado y no la vi. Quizàs porque mi vista ya no es "20-20".
En poco tiempo obtuvo la colaboración de un segundo agente de Policìa que, sin ningùn miramiento, ante la presencia y complacencia de sus superiores, sacaron sus respectivas pistolas y corrieron de frente hacia la multitud de estudiantes.
Cuando lo hacìan, disparaban sus pistolas en forma horizontal.
Uno de ellos reaccionò claramente emocionado cuando hirió en un pie a uno de los manifestantes. De lejos el creyò ver que fue en un pie porque le vio cojear.
Minutos más tarde, en una nueva ofensiva, pistolas en manos, uno de los policìas gritò, màs o menos:

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